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martes, 23 de junio de 2015

José Sbarra, Los pterodáctilos.

1 
En la era más estrambótica de la Tierra, los pterodáctilos fueron los únicos seres capaces de construir parejas absolutamente fieles. 
En el caso de que muriese uno de los integrantes, el otro no formaba una nueva unión. 
Si el pterodáctilo sobrevivía, dedicaba el resto de su existencia a deambular por los sitios frecuentados con su pterodáctila. Y realizaba este peregrinaje sin comer ni beber. Sin ir en búsqueda de otra compañera. 
Poco a poco iba debilitándose hasta que moría, preferiblemente en el exacto lugar en el que había caído su pterodáctila. 

2 
Ella lo amaba. Volar hambrientos, pero juntos, le parece una fascinante aventura. Ama su coraje. Ama la paciencia de su vuelo sobre los volcanes. Lo considera un valiente. Ella lo ama. Ama que se olvide de comer por atrapar una piedra azul. Hay otros pterodáctilos, pero ninguno tiene su estrafalaria manera de planear. Ella lo ama. Desde el día en que conoció a ese tonto pterodáctilo nunca se separó de su lado. Por eso él sabe que ella lo ama. 

3 
En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila. Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcanes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes. 
¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila? 
Toda la Tierra con sus ardientes temperaturas y con sus inesperados desplazamientos les ordena amarse. 
Y sobre la catedral volcánica del planeta, y sin saberlo, los pterodáctilos están amándose. 

4 
De pronto su vuelo se interrumpió. La pterodáctila cayó por un túnel transparente en el aire. Cayó sobre la arena como una roca. Como un meteorito atraído terriblemente por la Tierra. 
Estaba en vuelo y el vuelo se detuvo como un amor que dice que no. Un instante de desconcierto y luego la pterodáctila cayó. 
El pterodáctilo volaba a su lado. Supo el momento preciso en que su pterodáctila cayó. Pero no miró hacia abajo. Negó el vacío. La implacable vertical de la caída. 
Miró hacia un costado y hacia otro. No la vio. Se resistió a aceptar lo demasiado obvio. Y no se animó a mirar hacia abajo. Con espanto volvió la cabeza hacia un costado y hacia el otro. 
La buscó en todas las posibilidades de vuelo. Nunca miró hacia abajo. 
Aterrizó en la playa. 
Caminó con la vista más allá del presente, buscándola lejos. Lejos. Se detuvo sin verla. Intuyó la presencia de una roca nueva sobre la arena. El pterodáctilo cubrió su cara con cuarenta millones de años. 
Una tras otra resbalaron sus monumentales lágrimas. 
En la boca ígnea de los volcanes resonaron sus alaridos. Pero nunca miró hacia el sitio del dolor. 

5 
Vuela. No lo distraen las piedras azules que saltan de los volcanes. Sigue su rumbo. Y su rumbo es buscarla. 
Sus retinas sólo reflejan la imagen de ella. Cree verla en el movimiento de una rama o sobre la cresta salvaje de una ola. 
No se pregunta por qué se fue. Se pregunta hacia dónde. 
Su cabeza de cretáceo no puede concebir un abandono, sólo un extravío. 
Es puro volar sin calma, un vivir buscándola para salvarla y salvarse al tiempo que la salva. Sin ella, volar es un acto inútil. 
Se tropieza con las nubes y confunde el cielo con el mar. Va de un lado hacia otro, desorientado y torpe. Fatiga tanto el vuelo si se vuela solo. No quiere volar. Quiere querer. 
No los unían los proyectos ni la costumbre. Los unía el volar sabiendo que el otro volaba al lado. Los unía ese voltear la cabeza en el mismo instante como para decirse: 
¿Ves?, estamos volando. 

6 
Con larval inocencia un pterodáctilo busca a su pterodáctila. El no sabe nada de la muerte. Sólo sabe planear con ella como dos gigantes remeros del espacio. Sólo sabe que un pterodáctilo y una pterodáctila son un mismo cuerpo. Y ahora a él le falta una parte. 
Ella murió una noche en que los cielos eran dorados. Aún está sobre la arena su cadáver fosilizándose, pero él insiste en la búsqueda porque eso no es ella, no es su pterodáctila: le falta el vuelo, la mirada y el olor del amor: Ignora las leyes de la naturaleza, cree en el reencuentro. Si necesita a su pterodáctila tiene que ser porque en algún sitio ella lo espera. 
Vuela chocando contra todas las salientes de la noche. Va una y otra vez por los lugares que conocieron juntos. Desde la orilla de aquel lago vieron la primera lluvia de estrellas, en ese cráter la tuvo entre sus alas. Vuelve al cielo. Insiste en la búsqueda. Es una esperanza en vuelo y condenada. 
Desde lo alto de la noche color magenta se lanza en picada. Solitario y en silencio se desploma en ese fragmento de playa que nunca quiso mirar. 

José Sbarra 
(Tipeado por Guillermo Del Zotto)

miércoles, 5 de diciembre de 2012

José Sbarra, Plástico cruel [incluye link de descarga]




¿Qué buscabas en mí y no lo encontraste?
Quiero que una nube tóxica te envuelva y desaparezcas.
Que te vayas y que todos te hagan daño. Que por
toda la vida te hagan daño todos los hombres que toques. Te
amo, Plástico Cruel, de la única manera que sé amar, desastrosamente. 



–No te vayas.
–Esta historia terminó.
–¿Hay otro tipo?
–Hay miles de tipos.
–Todos de plástico.
–Serán más apropiados para mí, según vos.
–¿Por qué no les mentís a ellos en lugar de mentirme a
mí? Deciles que los querés, pero engañalos conmigo. Quereme
sólo a mí, acostate con todos, pero quereme a mí.



No volveré a creer en el amor. Quizá exista el amor, pero
no para mí. Soy un monstruo. No soy un monstruo. Esta noche
pasará.



«Se ame o no, siempre es terrible.»
M. Yourcenar



Cuando llegamos a la mansión de los Morris
se estaba llevando a acabo una fiesta. La casa brillaba como
un incendio en el bosque.
A la puta-frívola-reventada que soy le hubiera gustado
figurar entre esos invitados. Y la puta-anarquista-reventada
que también soy quería barrerlos a todos con una ametralladora.



–Entre las características de mi personalidad que no le
mencioné al presentarnos, figura la clarividencia.
–Frula, ¿me está diciendo que, además de boliviano, científico, detective y cocainómano, usted es... vidente?
–Afirmativo, señor Morris.



–Ahora que no me amás, me escribís demasiadas cartas de amor.
–No era de amor.
–¿Es posible que una carta no sea de amor?
–Sí, Axel, hay muchas razones por las que se escriben cartas.
–Nombrame una sola que tenga lógica.


Todas las maldiciones son mentira, lo que yo quiero es que te quieran y que conozcas el placer.



  No sé si suicidarme o teñirme el pelo.



Hay que querer. Hay que querer y seguir queriendo. No parar de querer aunque te digan que no.



–¿Qué necesitás?
–Nada.
–¿Para qué me querías ver?
–Para verte, sólo para verte.
–Axel...
–¿No se te pasó?
–¿No se me pasó, qué?
–Eso de querer a otro.



Que la mujer que ames esté en su habitación con otro hombre. Que la ames. Y que ella esté haciendo el amor con otro hombre mientras vos estás en la habitación de al lado.
Que llenes el espacio de música para tapar voces y sonidos que luego no podrías nunca olvidar.
Que alguien golpee a tu puerta. Que al abrir la veas a ella envuelta en una toalla. Que te sonría. Que te diga si podés ir a comprar cigarrillos, para ella y para su amante. Que la mujer que ames haya ido hasta tu cuarto a pedirte que, ya que estás vestido, compres cigarrillos para ellos.
Y que vayas, que la quieras tanto.
Que llueva. Que corras por la calle hasta el quiosco a comprarles cigarrillos. Y que llueva mucho.
Que regreses empapado con los cigarrillos. Que la llames. Que golpees a la puerta de su habitación. Que tengas que repetir su nombre. Que escuches los sonidos de algo imprevistamente recomenzado. Que escuches jadeos de placer. Que vuelvas a tu cuarto. Que pasen los minutos como siglos. Que ella, la mujer que ames envuelta en su toalla, llame nuevamente a tu puerta. Que abras y te encuentres otra vez con su sonrisa. Que tengas que sonreír. Que debas imponerle otra sonrisa a tu confusión. Que le des los cigarrillos y que ella te
agradezca por haber ido con esa lluvia. Que te pregunte cómo estás. Y que le respondas que estás bien. Y que no sea cierto. Que la ames tanto. Que te suceda algo así... para que me entiendas.
***
Todavía me sorprendo cuando me encuentro con libros así. Y eso es lo mejor.